Para delicia del gran Sintomático, maestro de antihéroes
INT. PISCINA UNIVERSITARIA. DÍA
Un reloj electrónico marca las 12.59. Una piscina olímpica con gradas y dos puertas para los vestuarios: una para hombres y otra para mujeres. El equipo de natación femenino acaba de salir en bloque y calienta alrededor de la piscina. Estiran brazos, piernas y caderas. Mientras, los últimos rezagados van abandonando el agua para dejar paso a las Rams, el equipo oficial de natación. El socorrista (26), musculoso y bronceado, se esmera en pitar para que todo el mundo se apresure.
SOCORRISTA MUSCULOSO: Ok, guys. Time's up! Please, everybody out of the water. Now!

Las jóvenes ninfas, algunas con espaldas de leñador, se van lanzando a la piscina. Otras siguen estirando. ¡Uh, ha, uh, ha!
El último en salir del agua es un joven barbudo (28) con pose atlética pero barriga incipiente. Se le nota cómo, sorprendido por el público repentino, intenta meter tripa. Imposible.
SOCORRISTA MUSCULOSO: brfsrfsfhfsfs you now!! Will you!!
JOVEN BARBUDO: Oh. Sorry. Sorry, sir. I didn't realize about the time.
Entre risas y cachondeo, el coro de nereidas musita algo contra el joven barbudo que, empanado, parece no enterarse de las reglas de la piscina.
En un intento desesperado por recuperar la dignidad, nuestro protagonista hincha el pecho, se quita las gafas de bucear y se dirige sin titubeos hacia los vestuarios. Con seguridad, coge su toalla, se calza las chanclas y enfila la ducha. Abre la puerta y entra. ¡Muuucha decisión!
Murmullo entre las bañistas. Una mujer con bigote incipiente (44) y chándal de las Rams comienza a hacer aspavientos hacia la entrada de los vestuarios. El socorrista también.
¡¡Pitidos nerviosos y reiterados!!
SOCORRISTA MUSCULOSO (gritando): Excuse me!! Excuse me, gentleman!!
ENTRENADORA CON MOSTACHO (gritando): What-the-hell-are -you-doing, dude??
El tono de las imprecaciones no parece cortés. Tras la puerta por la que ha entrado el mozalbete se oyen gritos femeninos
FÉMINAS NO IDENTIFICADAS (fuera de campo): Heeeeyyyyy!!!!
A los 8 segundos, el barbudo ya asoma la cabecita por la escotilla del vestuario. Sale. Pisa con aplomo y finge que el alboroto no va con él. No oye los pítidos, no atiende a la entrenadora con mostacho ni mira cómo toda la piscina se ha quedado parada, escrutando la entrada de los locker-room. Sigue metiendo barriga. Imposible.
Se mueve dos pasos hacia la derecha y, antes de entrar, traduce el letrero de la puerta contigua. En letras grandes: "Vestuario masculino"
JOVEN BARBUDO (en bajito): ¡¡Me cagüen en la leche que me dieron!!
Fundido a negro mientras la tierra se abre y se traga, para siempre, el orgullo de nuestro protagonista.


(A las 5.41 de la mañana del jueves 27 de septiembre, comenzó a realizar unos ruidos extraños y, súbitamente, se tornó blanco para jamás despertar). 



