Mostrando entradas con la etiqueta Jet-lag. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jet-lag. Mostrar todas las entradas

30 de noviembre de 2007

Desde la puerta de embarque...

La melancolía de los aeropuertos.

Cerrar los ojos y aparecer al otro lado de la luna.

¿Dónde va tanta gente? ¿Cuántas -cuántas- historias se podrían escribir con ellos?

15 de noviembre de 2007

Réquiem por un sueño

Si tuviera que escoger, no dudaría.

Central Park es el lugar más hermoso de Nueva York. Son sus gentes variopintas, sus colores, los anocheceres en la ladera o la magia que te asalta en un rincón escondido. La Orquesta Sinfónica en verano y patinar sobre hielo en invierno. La marea de corredores de los sábados y los picnic en familia de los festivos. Un oasis en medio del desierto, donde el tiempo pasa aún con reloj de bolsillo.

Acudo mucho allí los domingos, a dejarme sorprender por la vida, a perder la noción del tiempo, sin brújula ni paracaídas.

La última sorpresa fue este detalle, descubierto en el elegante Parque de los Olmos: todos los bancos exhiben una placa plateada. Son la alternativa a los garabatos hispánicos de navaja y cutter: el "☺Kike estuvo aki☺" o " ♥ La Jenni y el Onofre, amor pa' siempre ♥ ".

En las placas se pueden leer gratitudes institucionales, afectos familiares, invocaciones divinas o lamentos colectivos por la muerte de un benefactor. De entre el encantador abanico de posibilidades, me llamaron la atención los epitafios y las dedicatorias amorosas. Leer los epitafios me hizo preguntarme cuál querría yo al terminar los días de este blog, que ya empieza a notar el vértigo melancólico de lo que morirá.

Las declaraciones de amor, sin embargo, me incitaban la curiosidad. Por desgracia, mi viejo amigo se llevó a la tumba la instantánea del recordatorio más precioso e inquietante: "Para Mary Jo, por tantas noches prohibidas". Como el calambre de un microrrelato o el latigazo desolado de un sms resacoso, la placa se me quedó grabada. "Para Mary Jo, por tantas noches prohibidas".

Aún estoy deseando que alguien rellene los huecos de ese amor imposible, ponga un título que coloree la noche y comience a narrarme la enigmática historia que esconde ese –precisamente ése– banco proscrito.


1 de noviembre de 2007

Pufoween

Aparquemos la redención del D.C. para atacar lo urgente: Halloween.

¡¡Vaya despropósito!! Vendían el desfile como el no-va-más, capaz de competir con el Carnaval de Río. ¡Quiá!

No recuerdo chapuza igual desde que Nina apareció en Eurovisión. La culpa, como siempre, es del cine y del material que fabrica los sueños: cincelan nuestro imaginario con grandes historias de Halloween, con la urbe disfrazada y, si es posible, algún asesino escondido entre la multitud. Glamour, fanfarria, colorido y mucho garbo. ¡Y una leche!

Ayer, en el macrodesfile del East Village -una suerte de Chueca estilizado- el referente que martilleaba mi subsconciente era el de Belén Esteban emulando a Madonna en Tenerife. Oshea: caspa por doquier.

Unos que se pintaban una sombra de ojos y ya se creían Jack Sparrow redivivo; la chinita que se colocaba una media azul en la cabeza y, cual Stanislavski, se metía en la psicología de Marge Simpson; laberintos del fauno de todo a cien; un Andy Gibb negro que desafinaba más que Enrique Iglesias y bailaba peor que Queen África...

En fin, que los disfraces parecían hechos en clase de manualidades y las coreografías que jalonaban el recorrido ensayadas en el patio del parvulario. Ni siquiera las palmas de Thriller (todo un clásico para disfraces de grupo) eran capaces de ir acompasadas.

Pufoween, Hallobluff, Patheticween, Caspaween... para qué seguir.

Fui ingenuo: no recordé que Nueva York es eso, Nueva York. Un caos.

17 de octubre de 2007

Magnólico

Tenías razón. Estas cosas pasan. Continuamente.

¡Y yo, que no te creí a pesar de quererte tanto!



Es verdad, estas cosas ocurren: ayer vi llover ardillas en Central Park.


(La foto es de Kintired, en Flickr)

3 de octubre de 2007

Cortísimo verité

Para delicia del gran Sintomático, maestro de antihéroes

INT. PISCINA UNIVERSITARIA. DÍA


Un reloj electrónico marca las 12.59. U
na piscina olímpica con gradas y dos puertas para los vestuarios: una para hombres y otra para mujeres. El equipo de natación femenino acaba de salir en bloque y calienta alrededor de la piscina. Estiran brazos, piernas y caderas. Mientras, los últimos rezagados van abandonando el agua para dejar paso a las Rams, el equipo oficial de natación. El socorrista (26), musculoso y bronceado, se esmera en pitar para que todo el mundo se apresure.

SOCORRISTA MUSCULOSO
: Ok, guys. Time's up! Please, everybody out of the water. Now!



Las jóvenes ninfas, algunas con espalda
s de leñador, se van lanzando a la piscina. Otras siguen estirando. ¡Uh, ha, uh, ha!

El último en salir del agua es un joven barbudo (28) con pose atlética pero barriga incipiente. Se le nota cómo, sorprendido por el público repentino, intenta meter tripa. Imposible.


SOCORRISTA MUSCULOSO
: brfsrfsfhfsfs
you now!! Will you!!

JOVEN BARBUDO
: Oh. Sorry. Sorry, sir. I didn't realize about the time.


Entre risas y cachondeo, el coro de nereidas musita algo contra el joven barbudo que, empanado, parece no enterarse de las reglas de la piscina.


En un intento desesperado por recuperar la dignidad, nuestro protagonista hincha el pecho, se quita las gafas de bucear y se dirige sin titubeos hacia los vestuarios. Con seguridad, coge su toalla, se calza las chanclas y enfila la ducha.
Abre la puerta y entra. ¡Muuucha decisión!

Murmullo entre las bañistas. Una mujer con bigote incipiente
(44) y chándal de las Rams comienza a hacer aspavientos hacia la entrada de los vestuarios. El socorrista también.

¡¡Pitidos nerviosos y reiterados!!


SOCORRISTA MUSCULOSO
(gritando): Excuse me!! Excuse me, gentleman!!


ENTRENADORA CON MOSTACHO
(gritando): What-the-hell-are -you-doing, dude??


El tono de las imprecaciones no parece cortés. Tras la puerta por la que ha entrado el mozalbete se oyen gritos femeninos


FÉMINAS NO IDENTIFICADAS
(fuera de campo): Heeeeyyyyy!!!!


A los 8 segundos, el barbudo ya asoma la cabecita por la escotilla del vestuario. Sale. Pisa con aplomo y finge que el alboroto no va con él. No oye los pítidos, no atiende a la entrenadora con mostacho ni mira cómo toda la piscina se ha quedado parada, escrutando la entrada de los locker-room. Sigue metiendo barriga. I
mposible.

Se mueve dos pasos hacia la derecha y, antes de entrar, traduce el letrero de la puerta contigua. En letras grandes: "Vestuario masculino"


JOVEN BARBUDO
(en bajito): ¡¡Me cagüen en la
leche que me dieron!!

Fundido a negro mientras la tierra se abre y se traga, para siempre, el orgullo de nuestro protagonista.

29 de septiembre de 2007

In memoriam

Fuiste amigo en los momentos difíciles, cuando la meta parecía solo una quimera. Siempre estuviste ahí, sin rechistar, aguantando mis lamentos y mis días grises. Con paciencia, sin apenas enfados. Por ti pasaron cartas, frustraciones, deseos, castillos en el aire, amores, sueños, recuerdos...

Y todos mis secretos. Te confíe mi vida, amigo, te confíe mi vida. Y tú la guardabas con la fidelidad de un perro lobo: sin dar cuartel al adversario. Ni siquiera cuando tu corazón falló, hace ahora un año, pude reprocharte nada. No fue culpa tuya.

Has sido testigo íntimo de tres años de mi vida: la tesis, aquel adiós, las notas nerviosas para una clase, las estúpidas páginas de un diario, las sonrisas de ahora, los balbuceos de este blog. ¡Tantas cosas, compañero!

Lo peor es que ya no podremos compartir este otoño. Y sabes que sin ti -lo sabes bien- nunca me habría atrevido a embarcarme en esta aventura. ¡Estos saltos siempre los hemos dado juntos, eh!

Ahora te echaré de menos. Y ojalá -ojalá- hubiera podido hacer algo más por salvarte. Quizá algún día, desde donde estés, puedas perdonarme.

(A las 5.41 de la mañana del jueves 27 de septiembre, comenzó a realizar unos ruidos extraños y, súbitamente, se tornó blanco para jamás despertar).

Descanse en paz.

25 de septiembre de 2007

Exit or no exit

Una gran ciudad siempre depara sorpresas. Muchas veces se encuentran a la vuelta de la esquina. Y no, no me refiero a la pantomima antisemita de Ahmanideyad.

El otro día, en un intermedio de mi trabajo, me encontré con un cartel que anunciaba un coloquio en el que intervenía Michael Walzer. Ahí mismo, a veinte metros de la Biblioteca, en uno de los auditorios de Fordham University. ¡Esa misma noche! Chapeau. El tema resultaba apasionante: "Salir o no salir. Moralidad y retirada de Irak".La figura de Walzer -uno de los filósofos políticos más influyentes- me produce admiración desde que me topé con un ensayo suyo en Letras Libres y leí fragmentos de su Guerras justas e injustas. Como buen intelectual judío, sus ideas se sitúan en el centro izquierda y vota demócrata. Pero, a diferencia de España, en EE.UU. las divergencias políticas no producen tanto ruido; la base común es, eso, común. Y la intelectualidad se surte de argumentos, no de la santa indignación moral.

Con su voz aflautada, casi afónica, y su aspecto venerable, Walzer iba cosiendo argumentos para explicar por qué no era ético retirarse ahora de Irak. ¡Él, que se opuso a la guerra!

Escuchando la elegancia del debate y la profundidad y amenidad de lo allí expuesto, no pude dejar de hacer la comparación con España. Allí, lo políticamente correcto se retorcería como un vampiro ante un crucifijo al escuchar frases tan sensatas como que "el pacifismo no es una opción moral válida" o que "la guerra puede ser buena".

Me imagino el debate en España y ya oigo los gritos desde el fondo de la sala: "¡¡Faaaassscisstaaaa!!".

17 de septiembre de 2007

I had a dream


(Para Javier Marrodán, que se inmiscuyó en mi sueño)

Según Freud, nuestros sueños están guiados por las obsesiones o las frustraciones personales. No alcanzo a ubicar esta suerte de pesadilla en ninguna de las dos categorías. De todas maneras, ¿qué estudios tenía el Freud ése para decir semejantes tonterías?


"Un lugar indeterminado de un barrio de Nueva York, más o menos macarra. Volviendo en bici a casa me encuentro con una reunión clandestina de antiguos colaboradores de Nuestro Tiempo. En una especie de aula de colegio de protección oficial. Un chico joven al que llamo Rafa Esquíroz (sin tener yo ni idea de quién es) me enseña un cómic que ha hecho, rememorando un número de la revista del año 1968. En la reunión se encontraban MAJ, Bosco Martín Algarra (?), Carmen Remírez (??) y otros rostros que no recuerdo reivindicando que la revista no se pase a Internet, sino que se mantenga en papel. El supuesto Esquíroz me enseña su cómic: ahí se mezclan las ilustraciones para ese año 68 con una historia sobre ti.

Agárrate: ¡me cuenta que aquel año asesinaste a una persona! Me empiezo a agobiar. El cómic, en blanco y negro, lo muestra. "¿Cómo, que Javi Marrodán asesinó a alguien? ¡No puede ser, me engañas!". El supuesto Esquíroz levanta las cejas, insinuándome que allá yo si no me lo creo.

Al rato, apareces por una calle adyacente a la supuesta escuela donde tiene lugar la más-supuesta-aún reunión de antiguos de NT. Vas cogido de la mano con no sé quién y llevas una gorra. Como la calle está oscura, no te reconozco hasta llegar a mi lado. Todo normal. Entras a la redacción, saludas a todo el mundo y bla, bla. Cuando se cierra el chiringuito del aula, yo me acercó a ti antes de que te marches por un descampado: "Javi, ya me han contado lo que pasó. No lo sabía, no me has dicho nada nunca". Y tú, con el rictus serio, respondes exactamente: "Es el pasado. Ya he pagado. No te incumbe, Alberto, no te metas más en mis asuntos si no quieres que te vuelva a destrozar la rodilla".

Hasta ahí recuerdo. Desperté. Con un sabor raro en la boca. Y, uf, con la rodilla intacta.