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30 de noviembre de 2007

Desde la puerta de embarque...

La melancolía de los aeropuertos.

Cerrar los ojos y aparecer al otro lado de la luna.

¿Dónde va tanta gente? ¿Cuántas -cuántas- historias se podrían escribir con ellos?

26 de noviembre de 2007

Barzoneos románicos

Si tuviera el gracejo de nuestro querido -aunque ahora algo adormecido- Sintomático, propondría un concurso for all the tall (por todo lo alto). Pero:

1) resulta que mis experiencias previas en esto del blog-party se saldaron con un brillante ganador Anónimo y, por tanto, el jugoso premio se quedó sin cobrar.

2) la respuesta al "¿En qué ciudad han sido tomadas estas fotos?" resulta demasiado obvia, dado el título de este blog.

Así que dejemos las imposturas y vayamos al grano, como decía la publicidad de un famoso producto anti-acné.


Tras pasar la semana trabajando, el domingo es mi día de descanso. Lo he aprovechado para ir conociendo partes de la ciudad. Como he hecho bien los deberes durante más de dos meses, los últimos domingos (excepto ayer, que anduve por Boston) he optado por la anderesca fórmula del "barzoneo".

Me quedaba Harlem y la zona norte de Manhattan. Lo menos turístico de la Gran Manzana. El último domingo aparqué el mapa y la brújula en casa y me dediqué a vagar, escuchando acentos, fotografiando mentalmente rostros, intentando hacer sitio en la memoria para gentes, colores y olores neoyorquinos. La melodía de una ciudad.

Y, de repente, en la calle 190, un elegante parque, hermosísimo en su tonalidad otoñal: el Fort Tryon. Una zona abandonada que el ricachón Rockefeller quiso embellecer para poder donar un nuevo pulmón a su querida Nueva York. Y en lo alto del Fuerte, una torre de iglesia románica. ¡The Cloisters! Una sucursal del Metropolitan Museum donde han traído piedra a piedra varias iglesias del medievo frances y español. Retablos, tallas, vidrieras, trípticos, incunables...

¡Cualquiera me convence de que no estaba haciendo el Camino de Santiago!

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P.D. Por cierto, como bien señaló el sagaz Carmelo, la imagen de los barrios de Manhattan no es un mapa, es un test de Roschach. Pero tampoco hay en marcha ningún concurso para quien vea el mayor número de objetos en esas "manchas aleatorias de tinta", ¿vale?

4 de noviembre de 2007

Washington (III). Alegría

Como pasar una noche con Boris Izaguirre y, a la mañana siguiente, conocer a Julia Roberts. Ésa es la diferencia entre Nueva York y el D.C.

Washington es majestuoso, imperial y burocrático: un París bruselizado. Una ciudad-estado atravesada por el Potomac, un pedazo de tierra arrancado a Maryland y Virginia donde se concentra el mayor poder por metro cuadrado del mundo. Está la hermosa admiración a los padres de la patria (Washington, Lincoln y Jefferson), la respetuosa memoria de los caídos (desde la Gran Guerra hasta Vietnam), el cementerio de Arlington y la nostalgia por no poder haber conocido al presidente Bartlett o a Josh Lyman discutiendo con CJ.

Si el D.C. es la política, NY es la economía. Dicotomía perpetua: orden/caos, tranquilidad/agobio, metro reluciente/infierno cotidiano, cientos de miles/millones de personas, National Gallery/Metropolitan Museum, desierto nocturno/noches agitadas, atardeceres en el parque/amaneceres resacosos, seguridad/miedo, elegancia/pastiche, adosados familiares en Georgetown/lofts individuales en Manhattan.

Allí, puedes pasear por el Mall -auténtico corazón de la ciudad- a las 23.30, con la convicción de que si a cualquier quinqui le da por atracarte, en 0'0026 segundos aparecerán ochenta y siete agentes secretos camuflados de árbol y armados hasta los ramas para proteger al Presidente y los Congresistas.

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Ah, y de regalo, una fascinante retrospectiva de Hopper en la National Gallery: grises de colores, aullidos de soledad, Carver hecho pintura.

30 de octubre de 2007

Washington (II). Horror

Aquí, en el Museo del Holocausto.

Una de las experiencias más aterradoras a las que he asistido. Una lección humana, muy humana. Un espeso sentimiento de culpa. Esa pila de zapatitos, Mengele o las uñas arañando el techo de una cámara de gas.

Mi más sincero desprecio hacia todos aquellos que manosean esa palabra: holocausto.


Y una promesa que me hago a mí mismo: no olvidar. Jamás.

.

29 de octubre de 2007

Washington (I). Esperanza

Visitar Washington DC y volver con acento argentino.


(Los Alconada-Michelli, una familia espectacular, de la "e" a la "r")

6 de octubre de 2007

Infierno

El infierno no son los otros ni un lugar en llamas.


Ni siquiera es un espacio dantesco, puesto que las nuevas generaciones piensan que la palabra deriva de las payasadas de un tal Leonardo Dantés.

El fuego eterno se ha modernizado: ya no hay barca ni Cancerbero. Ahora se ha ubicado en el andén de metro de la calle 59 con Lexington. El más subterráneo, por el que corre la línea verde a 25 metros de profundidad.

Un calor sofocante que hace sudar hasta a las ratas que infestan -lo prometo- las vías de tren. Los pasajeros hierven bajo el rechinar de vagones, nuevas trompetas del apocalipsis. Y ese olor, ese olor inmundo, a vómito de cómida rápida.

¡Un hedor que parece un cuesco del mismísimo Satanás!

27 de septiembre de 2007

Ítaca

"Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo"
(Konstantin Kavafis)

De Ander he aprendido muchas cosas. En mi tercero de carrera se esmeró en enseñarme a escribir. ¡Quiá! Fue solo el chupinazo de una fiesta continua.

Después, me ha regalado muchos buenos momentos, en presencia y en bloggencia. En los últimos tiempos, su mejor lección ha sido una especie de ética del viajero que tengo muy, muy presente.

La recuerdo ahora. Porque en Nueva York, por fin, he dejado de ser un turista para convertirme en viajero.

11 de septiembre de 2007

Sherezade



Tarde. Siempre tarde.



Y lo peor es saber –saber– que quizá mañana no vuelva a escribir.